vecinos

Y tú tienes a todos en tu manzana

Vecindad de doña Cleotilde.- La palabra “Vecinos” ya debería ser considerado como sinónimo de ‘problemas’, y es que hay de cada tipo y por lo regular, todos siempre tenemos la suerte que nos toquen algunos vecinos como los que abordaremos en esta nota.

Estos son los peores vecinos que te pueden tocar

Tal parece que no importa donde vidas, siempre te tocará al lado el vecino que hace todo este tipo de cosas sin ningún caridad por el prójimo, y lo peor de todo, que se enfurece cuando le intentas reclamar alguna de sus actitudes, pero ah, ¡qué bello es vivir en sociedad!

Aquí la lista de los peores vecinos que te pueden tocar:

1. La vecina chismosa que sabe exactamente a qué hora y con quién has llegado toda la semana es una joya que debes cuidar.

     VECINOS PEORES DEFORMA I

2. El que defiende ‘su espacio’ como perro enjaulado. Este es el peor especimen sobre la faz de la Tierra, y el problema es que cada cuadra tiene al menos 2 boomers jubilados que hacen eso.

VECINOS PEORES DEFORMA II

3. El que no paga el mantenimiento o no quiere cooperar para el conserje del lugar.

VECINOS PEORES DEFORMA III

4. El que hace carnitas asadas justo en la ubicación en donde más te llegue a ti el olor.

VECINOS PEORES DEFORMA IV

5. El inconsiderado que hace ruido sabiendo que vives debajo de él.

6. Y peor aún, el delicado que se queja del más mínimo ruido que puedas hacer incluso el que sale cuando haces el ‘delicioso’.

 

7. El que tiene a su perro en su patio diminuto o peor aún, en la azotea de la casa, el cual ladra todo el tiempo y en especial, durante la noche. P.D. al margen: debería ser considerado maltrato animal el tener a una mascota si no tienes jardín o patio suficientemente grande.

VECINOS PEORES DEFORMA VII

8. Colgar la ropa en lugares de uso común debería ser considerado como delito grave.

VECINOS PEORES DEFORMA VIII

9. El vecino que se la pasa cantando en el karaoke todas las noches.

 

Y ya que andamos con viciosos, si conoces a alguien que le guste la cheve y pasear por el bosque, esta nota le interesa pues una empresa le pagará por hacer ambas…

 

Si sientes que necesitas leer algo más culto y serio, te dejamos un ensayo sobre la tolerancia.

Tolerancia se refiere al respeto hacia las ideas, preferencias, formas de pensamiento o comportamientos de las demás personas. La palabra proviene del latín tolerantĭa, que significa «cualidad de quien puede aceptar». El concepto surgió en Francia a finales del siglo XVI durante las guerras de religión que enfrentaron a católicos y protestantes. Designaría inicialmente la indulgencia hacia la opinión de los demás sobre los puntos del dogma que la Iglesia no consideraba como esenciales. Así, nació con un sentido peyorativo pues se trataba de soportar lo que no se podía erradicar. El sentido positivo del término se afirmó en el siglo siguiente con John Locke y Pierre Bayle y la Ilustración del siglo XVIII lo convierte en uno de sus valores fundamentales con el significado de aceptación de las otras creencias.

Por su parte, la tolerancia hacia quienes profesan de manera pública creencias o religiones distintas a la nuestra. Es un concepto relacionado con la aceptación y con la consideración ante las acciones u opiniones de otras personas cuando estas diferentes de las propias o se contraponen al marco personal de creencias. La tolerancia se erige como un valor básico para convivir armónica y pacíficamente. No solo se trata de permitir lo que los demás digan o hagan, sino de reconocer y aceptar la individualidad y las diferencias de cada ser humano. Se considera que la tolerancia constituye la base de la buena convivencia entre personas de diferentes culturas, credos, razas, y modos de vida.1

Generalidades

A nivel individual, la tolerancia es la capacidad de aceptación de una situación o de otra persona o grupo considerados diferentes. Pero no todos los individuos están capacitados para ser tolerantes. La tolerancia individual se manifestará en la actitud que una persona tiene ante aquello que expresa valores diferentes a los suyos propios. También en la aceptación de una situación injusta en contra de los intereses propios o en contra de los intereses de terceras personas. Todo ello implica, evidentemente, capacidad para escuchar y aceptar a los demás[cita requerida].

Este comportamiento social se ha dado en todas las épocas de la humanidad y en todos los lugares del mundo como un medio para posibilitar la convivencia. Se admite que, en general, los valores y las normas colectivos son establecidos por el grupo que ostenta el poder político y el control social, y con ello establece, entre otras cosas, el grado de respeto o, por el contrario, la intensidad de la persecución de la que se va a hacer objeto a la persona que exprese actitudes y conceptos diferentes o problemáticos[cita requerida].

Tolerancia e intolerancia

Se considera generalmente que no hay tolerancia sin acción previa y ajena de incitación. La tolerancia es, así, un valor reactivo, impensable en condiciones previas a la convivencia e incluso a la de la convivencia problemática.2​ Su antónimo, la intolerancia, puede manifestarse sin embargo con anterioridad a una incitación objetiva, a modo de programa defensivo preventivo. La tolerancia se expresa por lo general mediante una corta variedad de conductas muy similares, mientras que la intolerancia permite una mayor variedad de comportamientos, que van desde la ignorancia pasiva hacia el diferente hasta la persecución o el exterminio.

El término persecución ha sido usado históricamente para denotar actos de violencia indiscriminada, sean espontáneos o premeditados. La persecución entre seres humanos no se limita a grupos religiosos, étnicos o políticos. Cualquier diferencia identificable en apariencia o comportamiento puede servir de motor para una persecución. El fundamento tanto de la tolerancia como de la intolerancia y la persecución es la percepción de un individuo o un grupo como diferentes. Se considera que la persecución es la expresión de un rasgo general del comportamiento social, relacionado con el tribalismo y el ejercicio del poder por un grupo, que busca imponer o reforzar la sumisión a otros. A menudo la persecución no es reconocida como tal por los perseguidores, sino solamente por sus víctimas o por observadores externos.3​

La tolerancia es generalmente una elección dictada por una convicción, a veces condescendiente y a veces forzada penalmente. Pero también es fomentada persuasivamente por los medios de comunicación al servicio de los intereses del grupo de control, sea este el que posee las herramientas formales de gobierno o el que, en posición de debilidad relativa de este, ejerce la oposición.

Helen Keller decía «La mejor consecuencia de la educación es la tolerancia».4​ Es más difícil comprender un comportamiento y acabar aceptándolo cuanto menos conoce uno los orígenes del mismo. Si la educación, según ciertos conceptos de esta, consiste entre otras cosas en informar y dar a conocer a los alumnos los mundos ajenos a su cotidianidad vital (a diferencia de otras nociones pedagógicas partidarias de la experiencialidad vacía de contenidos, por ejemplo), puede, en efecto, constituirse en vehículo de tolerancia, y probablemente lo viene siendo históricamente de modo implícito.

El comienzo de la tolerancia fue la base del pensamiento liberal. Su aceptación no tuvo un completo éxito en Europa, ya qué, hubo algunos países que no la pusieron a prueba.5

Tolerancia civil

Puesto que las mentalidades individuales evolucionan por lo general más rápido que las leyes, a menudo se da un desfase entre la moral social, convenida implícita y de forma colectiva y las leyes civiles. Así, algunas disposiciones de la ley pueden, en un momento dado, ser reconocidas como inadecuadas y por eso, no ser aplicadas más que parcialmente o no ser aplicadas ni obedecidas en absoluto. Así Georges Clémenceau decía en Au soir de la pensée, «Toda tolerancia se convierte a la larga en un derecho adquirido».

Históricamente, la primera noción en el sentido contemporáneo de tolerancia es la defendida por John Locke en su Carta sobre la tolerancia, que es definida por la fórmula «dejad de combatir lo que no se puede cambiar».

Desde un punto de vista social, permite aquello que es contrario a la moral o a la ética del grupo que ostenta el control social. Permite también desigualdades y diferencias dentro de la sociedad. Se trata principalmente de un comportamiento frente a una situación que se juzga mala, pero que se acepta porque no se puede hacer otra cosa. Se pueden citar como ejemplos las situaciones de esclavitud y tolerancia de la esclavitud a lo largo de la Historia, a pesar de las condenas a la misma por algunos grupos que se saldaron con catastróficos enfrentamientos sociales, y ello repetidamente; la sucesión a lo largo de la Historia entre el permiso y la prohibición de abortar para las mujeres y los que las asisten; el procesamiento y posterior encarcelamiento de familias inmigrantes por realizar prácticas tradicionales en sus hijas como la ablación genital mientras la circuncisión de los hijos varones es tolerada (lo cual plantea de modo muy intenso el no resuelto problema planteado por J. S. Mill de los límites de la tolerancia: ¿se debe ser tolerante con costumbres intolerantes, por ejemplo hacia el placer sexual femenino?); la denominada contemporáneamente violencia de género, el asesinato de mujeres a manos de su pareja sentimental, que ha provocado en España por ejemplo, cambios en el código penal y campañas institucionales denominadas tolerancia cero debido, según algunos, a la falta de movilización social ante el problema y, según otros, precisamente al hecho de tratarse España de uno de los países de la Unión Europea con cifras más bajas de este tipo de violencia (según encuesta europea realizada en todos los países de la UE), lo cual plantea la cuestión de si una legislación de este tipo puede implantarse con éxito en sociedades cuyo sentir colectivo no sea previamente favorable a la misma.

Pero en todo caso, las modalidades y la eficacia de las leyes dependen de hecho de la capacidad de las instituciones para hacer que se apliquen. Por ejemplo, los decretos Jean Zay (1936) prevén la prohibición de llevar signos religiosos y políticos en las escuelas francesas; sin embargo, la no aplicación de esos decretos ha conducido a promulgar una nueva ley sobre el mismo tema en 2004.

Fuente: Wikipedia

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