Entre esto y la pluma sin tinta ya tenemos el panorama completo
Palacio sin Diana.- Charles Philip Arthur George, mejor conocido como el príncipe a quien su mamá no le quería dejar el trono, también conocido como «el rey Carlos», volvió a protagonizar un incidente que deja en claro la importancia de la monarquía en estos tiempos modernos.
Fue durante una visita a Antigua y Barbuda cuando el versátil monarca «perdió la cabeza» al comenzar a caer un aguacero mientras participaba en un evento protocolario, haciendo que saliera su verdadero «yo».
La visita de Carlangas a la isla del Caribe se dio en el marco de los festejos por el 45.º aniversario de la independencia de Antigua y Barbuda. Justo cuando compartía el escenario con las autoridades locales, se dejó venir la tormenta que empapó a todos los presentes.
Carlos mostró la mesura que deben tener los reyes
La parte más graciosa del momento (además de que, para celebrar una independencia, tengan que recibir al rey del país del que eran colonia) fue que, en cuanto cayó la lluvia, la reina Camila sí logró conseguir una sombrilla y se alejó del lugar, dejando a su fiel esposo en la tarima sin poder guarecerse de la tormenta, lo que lo hizo estallar.
Y fue así como ocurrió la magia, pues, en cuanto su esposa lo dejó (o sea, nos referimos a Camila, no a cuando lo dejó Diana), este empezó a levantar las manos de forma desesperada, mirando hacia su equipo y haciendo gestos para pedir ayuda, con toda la mesura que un rey debe tener.
Finalmente, el mayor Ben Rigby (sí, con el puto nombrecito), edecán de Carlos III, se acercó al monarca para proporcionarle una sombrilla, aunque para entonces ya tenía el cabello y la vestimenta completamente empapados.
Entre este episodio, el de la pluma que no soltaba tinta y el extraño cuadro que se mandó hacer, parece que ya está completo el repertorio de anécdotas por las que será recordado este rey que ganó su Corona en una justa. Sí fue así, ¿no?
Y por si te lo perdiste: En Perú andan diciendo que los mexicanos les robamos el “Día de Muertos”, y ya se imaginarán cómo les fue.
