Galería Eólica.- Un artista vendió una escultura invisible por más de 18 mil euros, y este es el momento exacto para preguntarnos si ya se le debe poner un alto al arte moderno o le seguimos un ratito más.
El timo fue realizado por el (así autoproclamado) escultor Salvatore Garau, quien “realizó” la obra Io Sono (“Yo soy”, según la traducción textual y los mejores versos del Antiguo Testamento).
La “obra”, completamente invisible, fue bautizada por el artista como “pieza inmaterial”, y a pesar de no tener consistencia (ni poderse ver, tocar u oler), tiene una superficie de 5 x 5 pies (que, traducidos al cristiano, son como 2 x 2 metros).
Pero espérense, que se pone mejor: el virtuoso escultor impuso algunos requisitos para su venta, pues además del precio, la obra debe situarse en un lugar libre de obstáculos.
La “obra” no solo está compuesta de aire y otros elementos, sino que viene con un “certificado de autenticidad” que sirve como burla eterna para el comprador.
Por si fuera poco, el tal Garau ya amenazó adelantó que esta pieza es la tercera de una serie de siete; antes ya había “esculpido” una llamada Aphrodite Piange y otra Buddha in Contemplazione, con la cual también logró que un museo en Milán cayera en el truco.
“La nada también es arte”. Así defiende el artista su obra, después de haber descartado una prometedora carrera como defraudador de bancos.
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