Oficinas de El Deforma.- Antonio, joven godín de 38 años, comenzó su día con un sentimiento distinto. Se sentó frente a su computador y, aunque no lograba usarla debido a las actualizaciones de 4 horas, colocó una mano en su mentón. Su mirada fija al fondo y el ceño fruncido, el mundo estaba a sus pies. En eso su jefe pasó y se detuvo intrigado, nunca había visto tanta determinación.
“Un hombre así, con la seguridad en su mirada debe estar al frente del equipo”. Rápidamente Antonio subió de puesto mientras no entendía qué pasaba pero decidió continuar con el temple intacto para disimular que no sabía usar excel. Más pronto que tarde ascendió a vicepresidente ejecutivo de relaciones comerciales. En la mesa directiva lo conocían por su silencio, meditando los siguientes escenarios que lo llevarían al éxito.
Desgraciadamente todo tenía que terminar mal.
Antonio fue increpado por su silencio y acusado de hostigamiento y acoso a todo el personal de la junta directiva. Incluso en su juicio tampoco sabía lo que estaba ocurriendo, así que volteó a ver su reloj con varias miradas centradas. Todo el jurado temía por su vida, un hombre tan callado solo podría tratarse de una mente maestra de la sociopatía.
Actualmente Antonio cumple servicio comunitario a las afueras de la Almoloya de Juárez, esperando a que den las 5 para salir a calentar su comida en la fonda de enfrente.
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