Casa sin espacio.- Una mujer se divorció de su esposo luego de descubrir que éste había gastado todos los ahorros de la familia en muñecas japonesas, y pues a ver si al menos recupera algo en la reventa.
Se trata de las figuras Labubu, creadas por el artista hongkonés Kasing Lung y comercializadas por la empresa Pop Mart, las cuales han generado una verdadera obsesión entre coleccionistas y personas con escasa actividad sex**l.
Las muñecas son pequeños monstruos con orejas puntiagudas, dientes afilados y sonrisas traviesas, que se venden a precios exorbitantes por su tiraje limitado. Esta escasez artificial solo provoca una fiebre de reventa y un severo aumento en el costo, como suele pasar con cualquier cosa que tenga la palabra “edición especial”.
El problema comenzó cuando el sujeto, a lo largo de varios años, fue comprando estos “monitos”, afectando directamente la economía familiar y también el flujo de personas en la sala, que ya parecía bodega de anime.
Según la demandante, “mi esposo dedicó tiempo y recursos a su colección de los famosos personajes chinos Labubu, en lugar de dedicarse a buscar otra fuente de ingresos o, mínimo, a barrer”.
Las autoridades judiciales locales ya tramitan la solicitud de divorcio, misma que seguramente procederá al no tratarse de figuras de Los Simpson, amiibos o tenis Jordan, artículos que podrían haber sido tolerados con algo de resignación.
Por ahora, el hombre asegura que recuperará el dinero en cuanto “suba el precio en eBay” y que tiene la edición ultra-rara de Labubu vestido de gasolinero, aunque por el momento lo único que ha ganado es una orden de restricción y la custodia de los 127 monitos.
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