Playa Macarrón.- Muchas personas que subieron drásticamente de peso durante las pasadas fiestas decembrinas, no les quedará más remedio que intentar ser buena onda con los demás, como último recurso luego de haber perdido la figura.
“Sí sentí que estaba engordando, pero luego llegaron mis tíos del gabacho con chocolates y pues hicimos otra tamaliza. Neta, no es mi culpa”, se excusó un sujeto quien solía ser poco hipócrita con los demás.
La crítica situación orillará a los afectados por el atole a empezar a saludar a sus compañeros de trabajo y darle los buenos días a la vecina, cosa que omitían cuando les quedaban las camisas a la medida.
Los kilos subidos costarán el triple de tiempo bajarlos, por lo que la nueva actitud de bonachonería podría durar hasta convertirse en hábito, cosa que querían evitar los otrora delgados.
‘De haber sabido que tendría que ser amable con todos, ni me trago los tamales’, aseguró un Godínez mientras se le movía la papada.
De igual manera, aquellas personas que estén en el límite en que todavía les entra su misma ropa, pero ya sienten el jalón de la tela, tendrán que abstenerse de comer rosca de reyes si no quieren terminar contando chistes a todo mundo, y mandando bendiciones a diestra y siniestra.
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