Valla del Berrinche.- Un ciudadano estadounidense (“gringo” para todos los efectos) intentó timar a un grupo de trabajadores a los que contrató para que le pusieran una cerca en su casa, pero todo le salió mal.
Pongan atención, que esto es una joya: el gringo en cuestión contrató a los trabajadores para que le colocaran la valla que dividiría su jardín del de su vecino, pero, cuando llegó el momento de pagar, el infeliz sujeto le habló a ICE, pensando que los trabajadores serían indocumentados y terminarían detenidos.
Sin embargo, los trabajadores eran completamente legales, por lo que, al ver la acción del abusivo individuo, procedieron a entrar nuevamente a la propiedad para quitar el trabajo que ya habían hecho y recuperar los materiales que no les habían pagado. Esto, después de que el sujeto no solo se negara a pagarles, sino que intentara utilizar a las autoridades migratorias para que fueran deportados.
Conforme entran a la propiedad para retirar la valla, el anciano grita como nena: “¡Sálganse de mi propiedad!”, en esa cantaleta que algunos gringos tienen de creer que pueden hacer lo que quieran dentro de sus casas y nadie les va a decir nada por sentir que es su sacrosanto derecho.
A los trabajadores no les importaron los gritos del estadounidense y procedieron a tumbar toda la cerca para recuperar los materiales por los que no habían recibido pago, provocando la rabieta del matrimonio, que realmente ha de creer que tiene un derecho cósmico a una jubilación tranquila y sin que nadie le diga nada.
La escena, como dijimos, es una joya, pues al final, le quitaron toda la tapia que habían puesto. Y, pues, ojalá veamos a este bello matrimonio pronto en las playas de México…
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