Fue su primera exposición

La Roma, goe.-  Un indigente entró en una galería de arte posmo por pura casualidad (en realidad estaba buscando un buen lugar donde dormir, pues con este pinshi frío nadie quiere estar en la calle). Ninguno de los intelectualoides que se encontraban en la galería dijo nada pues pensaron que el indigente era un hipster más de este mundo posmoveganolíquido.

La cuestión es que el indigente, quien llevaba un costal, tiró sin querer una que otra basurita en una sala de la galería donde se presentaba una exposición de arte efímero e invisible, es decir, donde no había nada, pero los adinerados podrían pagar por ese “nada” hasta cien mil pesotes.

Cuando los únicos y detergentes entraron a dicha sala de la galería y vieron algo de basura, inmediatamente comenzaron a reflexionar, divagar, filosofar, problematizar, deconstruir e intertextualizar la maravillosa obra de arte que estaban contemplando.

“Creo que es una pieza que habla de la sobrepoblación”, dijo un triste hípster mientras tragaba trigo orgánico con té de chai. “Yo considero que la obra habla de la vacuidad del ser en las sociedades alienadas”, comentó otro hípster. “Es más bien una apostasía neoecologista y una metástasis generacionista de los girasoles de Van Gogh” comentó uno más. “Es un fraude”, sentenció Avelina Lésper.

Mientras ocurría ese profundo análisis y debate, el indigente comenzó una inmediata metamorfosis: de vagabundo pasó a ser artista conceptual, o sea, su vestimenta, su larga barba y su aspecto en general estuvieron intactos, salvo que le crecieron por generación espontánea unos lentes bien finos y una camisa a cuadros.

A los pocos minutos, el indigente se ganó una beca del Fonca, otra beca para estudiar en La Esmeralda, una reseña en Cultura Colectiva, un tweet de envía de Gabriel Orozco, dos exposiciones propias en galerías similares, un viaje a Nueva York y un raro acento chilango-argentino con una buena dosis de anglicismos.

Todos los que estaban en la galería aplaudieron a la nueva promesa del arte posmoderno y dijeron que el nuevo artista debería ser alabado por la crítica. “A pesar de que el talento ya no existe porque todo es una construcción social, hay buenas propuestas estéticas que merecen la atención de las personas que sí saben apreciar el verdadero arte”, concluyó un curador mientras vendía un zapato roto en cincuenta mil pesos.

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