¿Seré el amor de mi vida?

México.- Después de mi último fracaso amoroso, ya no quise saber más de nadie por un buen tiempo. Fui a todo tipo de terapias, compartí cientos de artículos y descubrí que el amor estaba en mi interior. Mis guías espirituales de la Colonia Roma (que cobran una fortuna) me dijeron que, para poder amar a alguien, primero es necesario amarse a uno mismo.

Supe que existe una gran tendencia por decir: “Yo soy el amor de mi vida”. Vi que mucha gente joven presume su libertad y plenitud (o eso es lo que ellos dicen) en redes sociales: salen solos al cine, van a comer, se quieren, se apapachan, se hablan bonito, se cocinan algo sabroso, se consienten. Yo quise ser como ellos. Decidí darme una oportunidad para mí mismo. Me volví mi propia novia. Ésta es una bitácora de mi primer año de relación conmigo mismo.

Primeros tres días:

Yo y yo empezamos lento. No quisimos apresurar las cosas. Ambos estábamos heridos y era necesario ir con cuidado.

Primera semana:

Nos empezó a gustar ver videos de stand up, nos reíamos juntos, íbamos al baño juntos, nos encerrábamos por horas para ver Netflix, comer frituras y beber cerveza.

Semana y media:

Una noche, yo y yo bebimos de más. Me acaricié, me estimulé, me gocé. Después de hacerme el amor, tuve la libertad para descansar sin la obligación de dormir abrazándome a mí mismo y decirme que me quiero.

Tres semanas:

Hice formal mi relación conmigo mismo. Subí muchas fotos de mí conmigo. Mis amistades me preguntaron por qué estaba tan distante, yo les decía la verdad: encontré un nuevo amor.

Un mes:

Conocí a mis suegros. Increíblemente resultaron ser mis padres.

Mes y medio:

Me encanta salir a comer y sentirme amado por mí mismo, el noviazgo es perfecto en términos económicos: siempre gasto la mitad.

Dos meses:

Primera escena de celos. Una amiga me invitó a salir. Mi propio yo se puso celoso.

Dos meses y medio:

Cuando me extraño y me siento algo distante, miro mi foto y me masturbo viéndola.

Tres meses:

Yo y yo tuvimos una ligera discusión. Yo quería vestir de mezclilla y playera casual, pero yo prefería algo más elegante. Afortunadamente, no hubo graves consecuencias y todo se solucionó enseguida.

Cuatro meses:

Un problema grave. Yo vi mi historial en Internet y sentí coraje al descubrir que yo veía cosas indecentes. Quizás fue un poco de celos. Discutí conmigo mismo; “¿será acaso que no me soy suficiente?”, me recriminé.

Cinco meses:

Durante todo el día dejé de hablarme conmigo mismo. Comencé a sospechar que mi novia era algo tóxica, codependiente y destructiva. El problema es que yo soy mi propia novia.

Medio año:

El sexo conmigo mismo comenzó a volverse rutinario. Siempre la misma postura, siempre la misma mano, siempre la misma paja mental.

Siete meses:

La relación comenzó a volverse un tanto insoportable. Había momentos en que no me soportaba, no quería hablarme para nada, prefería dormir de lado para no verme.

Ocho meses:

Creo que esto es nocivo: a pesar de que mi relación ha empeorado, no puedo dejar de tener sexo conmigo. ¿Será que sí me gusto?

Diez meses

Decidí darme un tiempo para conocer a más gente. Salir conmigo mismo es algo irritable, a veces no me entiendo ni sé lo que quiere mi yo. Eliminé todas mis fotos.

Un año:

Conocí a una persona. He comenzado a salir con ella. De vez en cuando salgo a escondidas conmigo mismo. En el fondo, aún me amo.

Compartir Decidí ser mi propia novia y, después de un año, todo terminó en tragedia