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La Punta Más Alta de la Montaña.- Salvé tormentas, ciclones, dragones, sin exagerar. Fui de la Ceca a la Meca. Aprendí a citar en APA. Fui al psicólogo, al podólogo, al astrólogo y a Garibaldi. Estudié dos años de Teología. Realicé una estricta dieta con picante del que no pica. Escuché todos los días música para activar la glándula pineal.

Madrugué para que Diosito me ayudara. Experimenté con la gran variedad de criaturas del Reino Fungi: desde el huitlacoche hasta el hongo de los pies de los futbolistas. En fin, hice de todo. Probé todo tipo de aguas locas. Inhalé hasta un Pritt.

Y todo fue en vano. No puedo, no podré nunca superar esa pérdida. Todo fue tan súbito, tan inesperado. ¿Cómo volver a caminar del mismo modo? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Es el karma? ¿Es el espejo que rompí hace siete años? ¿Es la carta cadena que me negué a reenviar en 2007?

No sabemos lo que tenemos hasta que lo vemos perdido. Nada es nuestro en este mundo. No tenemos nada, nadita de nada. Estúpida y sensual impermanencia.

Hoy se cumple un año ya. Hace un año regresé de la lavandería con toda mi ropa limpia. Al separar los calcetines, me di cuenta de la desgracia.

¿Llorar porque me dejó mi ex? ¡Nah! Ni que fuera el calcetín que no regresó de la lavandería.

Compartir Fui a la Sierra Tarahumara, al Monte Fuji y a la Deep Web, pero no he logrado superar la peor de las pérdidas