Sólo para los cultos que se aglutinan en el metro

 

Adentro de los vagones:

mucha gente, mucho estrés,

lentitud, olor a pies,

empujones, arrimones,

gritos, yuxtaposiciones,

sudor, achaques, tropiezos,

riñas, borrachos, bostezos…

¡no hay metro que nos iguale

porque todo eso vale

solamente cinco pesos!

 

Por tan sólo cinco pesos

hallarás en los vagones

apretadas sensaciones

que pueden romper los huesos.

Los flacos y los obesos,

la gente ruda y la fina,

todo mundo se aglutina,

hay sofoco en todos lados…

y así juntos y aplastados

nos volvemos gelatina.

 

Pero no le hagas de tos

y no seas negativo,

pues el metro es vengativo

y se pone más atroz.

Si vas tarde, piensa en Dios

y a la Virgencita implora,

pues el metro siempre empeora

cuando mucha prisa tienes,

y la marcha de los trenes

puede estancarse una hora.

 

Ante tanta muchedumbre,

el bochorno crece y crece,

y en cada vagón parece

que nos echan a la lumbre.

Sé que es mucha mi quejumbre

pero francamente hablo

que al metro lo lleva el Diablo:

las personas ya están fritas,

todas huelen a carnitas

y esto casi es un establo.

 

También yo estoy pegajoso

igual que un sudado taco,

mi cuerpo huele a sobaco

y a frijol escandaloso.

No encuentro paz ni reposo

y no por eso me aflijo,

pues en el vagón me fijo

que todos la pasan mal,

y cabemos por igual

en un mismo revoltijo.

 

Autor: Lufloro Panadero    @lufloro

Compartir Un poeta escribió estos versos cortos en honor al “Metro Pegajoso”