Siempre pasan por las mismas etapas

 

Coapa de los Hurtos.- Los americanistas reflejan por completo al mexicano promedio: contradictorios, peleoneros y “llevados”, pero no se aguantan. Pensando en ellos, ponemos de manera clara su proceso de transformación interna:

1. La televisora dueña de su equipo le hace creer que tienen una grandeza envidiable por cualquier ser humano, por lo que nuestro amigo amercanista en verdad cree que pertenece a un selecto club, lo que alimenta de manera inaudita su ego.

2. Empieza a buscar que los demás le demuestren una envidia que cree merecer por el punto anterior. Al no llegar, la confunden con el odio y desprecio que el resto de las personas siempre le han tenido a su equipo, de ahí su grito desesperado de “Ódiame más”.

3. Sienten que el mundo está contra ellos por ser mejores, lo que justifica su personalidad pasivo-agresiva y le da impulso al complejo de víctima que habita en todo mexicano.

4. Se crea un fanatismo en torno a su equipo que nubla su visión de lo obvio: las ayudas arbitrales descaradas, la forma en la que su televisora quiere meter con embudo a su mascota, y su pasado turbio y deshonesto.

5. Le empiezan a mentar la madre masivamente en las redes sociales. Intenta disimular que no le molesta hasta que no puede más e intenta devolver las mentadas, lo cual es un ejercicio en futilidad, pues las mentadas siguen cayendo como avalancha.

6. Por último, finge que nunca pidió que lo “Odiaran más”, y ahora apela al “fair play” para sacudirse las mentadas generales, las cuales ya no le dejan ni traer su fosforiloca y amarillenta playera en la calle.

Compartir Evolución de un americanista desde que dice “ódiame más” hasta que le mientan su madre